lunes, 13 de febrero de 2012

Las Malvinas; "Si es mío, puedo opinar"


Van varias semanas que los medios popularísimos de comunicación me vienen haciendo  nadar en las más variadas opiniones sobre el reclamo de Malvinas. Los pibes y las pibas opinan (nunca faltan los maratonísticos que quieren armar una marcha en contra del reclamo porque el agua vale más que el oro), los señores, los noteros, los editores. Nadie está callado. No pretendo, al menos hoy,  hacer una reivindicación de los beneficios de la recuperación de la discusión política. Lo que voy a hacer es un viajecito por el conflicto general, para que todos los chicos de la salita amarilla empecemos a opinar con algún conocimiento.
Es inevitable dar en las primeras líneas la defensa básica de la soberanía de nuestro país sobre las Islas. Las nociones son elementales y las conocemos casi todos. 
Va así: las Malvinas fueron descubiertas por España en 1443. Están dibujadas en el Tratado de Tordesillas, donde se dejan asentadas las nuevas tierras que la Corona se había encontrado pacíficamente en su camino y había anotado como propiedad de ese reino Ibérico. Casi cuatrocientos años después a unos señores muy simpáticos se les ocurrió separarse de toda dominación extranjera (y por TODA se referían solamente a España y su atrasado desarrollo  dentro de Europa) y reclamaron todo el territorio como propio. El reclamo fue reconocido abiertamente recién en 1859 por Isabel II, que cedió a los criollos todos los espacios colonizados, incluyendo Malvinas.  Pero desde 1810 Argentina mal que mal pobló las Islas, lo que nos dio el derechos jurídicos sobre ellas. Los cartógrafos del mundo dijeron que se encontraban en la Plataforma Continental Argentina. Con lo último tuvimos los derechos geográficos asegurados. Eran re nuestras, todos felices.
En 1832 la fragata británica Clio pasó a darle una saludadita al sur del continente y ya que estaba el comandante Oslow desembarcó en Malvinas, para anunciar que Su Majestad Británica reclamaba las Islas como suyas, que nos daba 24 horas para ir desalojando.  La resistencia hubiese terminado en una carnicería de argentinos y, efectivizándose en 1833, Gran Bretaña, como quien va a comprar pan había conseguido las tierras del fin del mundo.
 El hermanito de Mariano Moreno, intentando plantear el principio de posesión continua de Bolívar aclamó: Uti possidetis iure! (como poseías, poseerás), defendiendo la herencia del Virreinato, pero no consiguió nada y no fue hasta 1982 que la recuperación de las Islas se hizo efectiva, por algunos días. Fin de la historia, me cansé.

¡Qué lindo es habernos ubicado todos en los sucesos cronológicos! Ahora, ¿qué es lo que hace que mi Inicio en Facebook esté plagado de notas copiadas del Mdz, del Los Andes, ó (los más abocados al tema) de Clarín y Página 12? Cristina Fernández y la mayoría de los argentinos hemos vuelto al ruedo con la recuperación de las Islas. Eso ya lo sabemos. Y la mayoría de los países latinoamericanos nos apoyan. Y Naciones Unidas hace como que le va a prestar atención al tema. Y parece que los ingleses tienen armamento nuclear ahí. ¡Hasta Sean Penn vino a dar el “Ok, bro”! La discusión está abierta de nuevo,  los británicos defienden lo indefendible y no les queda más prosa que la que usaron hace dos siglos, la ventaja armamentística. Es imposible negar el avance del tema y los países ponen cartas sobre la mesa. A mí me queda muy grande el problema para intentar abordarlo en un blog pedorro que no debe leer ni mi ex, pero quiero hacer una  explicación de los porqués y para qués, así la próxima vez que nos sentemos en la Plaza España a discutir sepamos sobre qué.

Personalmente la soberanía sobre las Malvinas no me va a afectar en lo absoluto. Por ahí un día me podría ligar un viajecto a conocerlas sin tener que buscar autorización y tramitar cuestiones pasaportísticas, pero no voy a obtener un beneficio directo más que ese. Vos tampoco y tu vecina la Pocha menos. El tema es que sobrepasando el territorio de las Islas, Gran Bretaña posee jurisdicción en un territorio marítimo de cerca de 200 millas de radio. Léase: 322 kilómetros más desde donde termina la playa de sus Falkland. El área que representa esa zona es más de cinco veces superior al tamaño de las Malvinas mismas y está regada por una biodiversidad marítima y aérea que yo, caminando por una calle olorosa de Mendoza no puedo imaginarme si no googleo los números.
 Sabemos que sobre cualquier lugar del mundo en el que las potencias ponen los ojos, empieza a crecer ceniza de donde salían tulipanes y peyotes que alegraban a los oriundos.  La fauna del Atlántico Sur, entonces, va a tener los días contados. La depredación pesquera ya está ocurriendo. La desmesurada explotación petrolera, fuente de todas las guerras del último cuarto de siglo, no va a tardar en acabar con las reservas del recurso y con la utilidad de las pequeñas Islas.  Me consterna, mentira, en realidad me rompe las pelotas, cuánta gente ha minimizado la importancia de la pérdida de territorio argentino y  de la aberración que sufren sus recursos. No soy ultra en lo absoluto, pero creo que en casos como este es imperativo perder esa característica tan común que es ponerle cara de ojete a todo lo que se decide a nivel estadoadministrativo. ¡Hasta si un ganso estuviese haciendo esta reivindicación yo lo bancaría!

Los recursos saqueados, patrimonio de nuestro país, se van para afuera. No sé vos, pero a mí no me vendría mal un empujonazo en la escalerita de países emergentes, ni unos mangos más para financiarme la vida.  Por supuesto, ningún premier británico está interesado en mi desarrollo como ciudadana.
 Aun pensando en el territorio marino o terrestre que nos están culeando, con tanto que tiene para defender, proteger y utilizar; hay quienes no han llegado al porqué más importante de toda la revolcada diplomática que nos estamos por pegar. De hecho es posible que muchos de nuestros mandatarios no hayan hecho la reflexión consciente de la cuestión. Hijos-de-puta hay en todos lados, viste.
 Desde que tiene posesión sobre Las Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, Gran Bretaña ha encontrado una explicación a su pretensión de ocupar la Antártida, dándole el rango de Territorio Británico de Ultramar. Territorio que está en litigio desde 1959 con el espacio que le corresponde a la Argentina y a Chile, por motivos geográficos e históricos. Supongo que sabías ésto cuando dijiste que no había que hacer bardo por Malvinas. Si no lo sabías se te acaba de caer la bombacha. Si no se te cayó la bombacha, es porque no tenés ni idea de que la Antártida es la reserva de agua y de biodiversidad más grande del mundo. 
Ya dijimos que las potencias suelen tener esa costumbre de evaporar la vida de las tierras que van sumando a su mazo de colonias (las formales y  las que son informales, secretas, culturales). Yo no estoy ni ahí con perder la Antártida. Me lo imagino y se me viene a la cabeza una imagen sobreutilizada que posiblemente sea la primera que sale en google, con alguna foca bebé y un uniformado practicando maldades sobre ella.  Si me esmero porque mi cerebro abandone ese patético acotamiento empiezo a querer describir las excavaciones, pruebas nucleares y recursos desperdiciados y agua que se va.  

He llegado a mi punto, me hubiese gustado haber empezado por acá. La soberanía que se reclama sobre las Malvinas, no tiene nada que ver con los siete mil kilómetros cuadrados de montaña de las Islas. Tienen que ver con los recursos económicos que nos corresponden, con la biología del mar, de las Islas y de 1, 7 millones de kilómetros de Antártida. Con la perpetuación del ambiente, el desarrollo económico y el progreso de los países a un tiempo-espacio en el que un país en desarrollo no tenga que cederle su patrimonio a un imperio sin cuidarlo y protegerlo primero.
 No puedo resumir más las condiciones en las que jugamos el nuevo tema de moda en las redes de comunicación.  En el diario leo a los partidos locales repudiando el reclamo, los socialistas (en su eterno semiacierto) volviéndose ecologistas de algunas cosas nada más, los radicales cerrando la boca y los justicialistas contando cuántos votos les consigue la Presidenta para la próxima.
A mí, después de un recorrido por la red, no me cambió ni un poco la cabeza: las Malvinas son argentinas.
He dicho.


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